LUCHA POR LA RECUPERACIÓN DE LA SOBERANÍA E INTEGRIDAD TERRITORIAL

Croacia era hasta el comienzo del siglo XIX una entidad social-política de carácter feudal. En la comunidad austro-húngara no pudo evitar sus características fundamentales de un orden político-social feudal. Durante largos siglos la nobleza croata feudal, vacilando entre sus intereses de clase dominante y los de la comunidad nacional entera, pudo salvar la existencia de Croacia, aun cuando tanto su territorio como su soberanía se vieron cada vez más reducidos. Los ataques bélicos desde afuera, especialmente de los turcos, y las pretensiones internas desde los centros —Viena y Budapest— fueron las causas del empequeñecimiento territorial y la limitación de la soberanía de Croacia. Gracias a la colaboración y la lucha común de la comunidad cristiana austro-húngaro-croata, Croacia pudo resistir y salvarse ante la agresión turca. A fines del siglo XVII incluso los croatas reconquistaron ciertas partes perdidas de su territorio. La alianza feudal cristiana asestaba golpes demoledores al poder otomano, acercándose así la hora de la liberación de los pueblos sojuzgados y, en primer término, del pueblo croata.

Pero, paradojalmente, en el momento de la decadencia del imperio turco y la recuperación ofensiva de dicha comunidad cristiana, las ideas de la Revolución Francesa fueron un nuevo fermento de su discordia y el factor decisivo de su definitiva destrucción. En efecto, las ideas liberales en la vida de cada una de las naciones integrantes de la comunidad que hasta entonces y a pesar de todas sus debilidades dio prueba de la cohesión y el vigor de resistencia tanto contra los ataques exteriores como también contra las fuerzas de disgregación internas, tuvieron diferentes y no siempre nobles interpretaciones prácticas.

También en ese momento, en la aurora de la libertad de los pueblos, el más fuerte renueva esfuerzos para imponerse al más débil. Así es que las reformas de José II, inspiradas en las ideas de la Revolución Francesa, tuvieron su interpretación particular, limitada, dinástico-austríaca. Su objetivo fue deshacer el sistema feudal —parte progresista del programa—, pero al mismo tiempo imponer a la comunidad entera intereses y ventajas del elemento austro-alemán. En el centro de la comunidad —Viena— sus ex señores feudales, junto con la flamante burguesía industrial y financiera, forjaron un nuevo núcleo político-social que en nombre de la libertad económica imprimiría a la comunidad la ley del más fuerte.

Para defenderse contra esta equivocada interpretación de las ideas liberales y una nueva forma de desnacionalización, los feudales húngaros y croatas las rechazan y se atrincheran detrás del orden existente, feudal y conservador. Tanto más que se identificaban con la defensa de las individualidades históricas y nacionales de sus dos pueblos.

A pesar de que José II tuvo que renunciar a casi todas sus ideas de reforma, los húngaros y croatas del régimen feudal entendieron que en el futuro no podían defenderse eficazmente invocando exclusivamente valores ya caducos. La presión de Viena sobre Budapest y Zagreb, y de las dos primeras ciudades sobre la capital croata, despertó a la vez la conciencia nacional moderna, tanto húngara como croata. Su objetivo final fue formar Estados nacionales propios invocando el principio de la soberanía nacional. Sin embargo los húngaros a su vez desde 1790 alentaban el deseo de someter a Croacia e incorporarla a su único y poderoso Estado húngaro. Los croatas reaccionaron. La lucha abierta entre las pretensiones húngaras y la defensa croata se agudizó especialmente en 1825.

Al renovar los húngaros su exigencia para que se introdujese el idioma húngaro en la vida pública en Croacia, los croatas insistieron en su defensa del latín. No obstante, en 1830, cuando la insistencia húngara fue formulada con más rigor, un autor croata —Josip (José) Kušević— publicó su libro De Municipalibus iuribus et statutis regnorum Dalmatiae, Croatiae et Slavoniae ("Sobre derechos y estatutos municipales de los reinos de Dalmacia, Croacia y Eslovenia"), una síntesis de todos los derechos históricos, el substrato jurídico-político más firme de la personalidad histórica de Croacia. Al mismo tiempo maduró en la opinión pública del país la idea de luchar por el idioma nacional propio y abandonar el latín ante la agresión húngara.

Poetas y escritores, sacerdotes y juristas empezaron a escribir de esa manera. Se notaba un nuevo movimiento cultural-político proveniente casi del mismo suelo de la Patria. Para convertirlo en realidad faltaba un caudillo inspirado. Este fue Ljudevit (Ludovico) Gaj (1809-1872), cuyo movimiento se denominó ilirio. Gaj, hombre de una visión política moderna, entendió rápidamente la importancia de la palabra escrita en el idioma nacional. Después de superar varias dificultades y no obstante la oposición húngara y la incomprensión vernácula, el 6 de enero de 1835 empezó a publicar el periódico Novine Horvatske (Gazeta Croata). El éxito fue más que grande. El pueblo abrazó el periódico sintiéndolo suyo. Pero Gaj ambicionaba más: quería reunir a todos los eslavos del Sur contra la creciente agresión húngara. (Hungría tenía en aquel momento unos 7.000.000 de almas, mientras que Croacia no alcanzaba a las 2.000.000. Dalmacia y Bosnia-Herzegovina fueron separadas). Para facilitar la tarea, Gaj cambió en 1836 el nombre croata de su periódico por el nombre ilirio. (Así llamaron muchos extranjeros a los croatas desde el siglo XIV por la costumbre humanista de reactualizar términos y denominaciones clásicas, tanto geográficas como nacionales). Más tarde también algunos escritores croatas adoptaron la misma actitud. Además, cuando Napoleón I conquistó una parte de las tierras croatas y eslovenas, como ya hemos visto, les dio el nombre de Iliria. Pero Gaj, efectivamente, se inspiró en las obras de dos escritores croatas: Petar Katančić (1750-1825) y Tomás Miklošić (1767-1833), quienes trataron de demostrar que los ilirios fueron antepasados tanto de los croatas como de los demás eslavos de aquella parte del mundo.

La misma idea defendió a su tiempo el cronista ruso Nestor (siglo XII). Vinko Pribojević, escritor croata, popularizó esta idea en su obra De Origine Succesionibusque Slavorum, Venetiis, 1532, y luego el abad Mavro Orbini hizo otro tanto en la obra Il Regno degli Slavi, Pesaro, 1601.

A excepción de Croacia panónica, con Eslavonia y Bosnia, donde aceptaron la idea, especialmente los franciscanos, los demás eslavos del Sur —serbios, eslovenos y búlgaros— la rechazaron con contadas excepciones individuales.

No obstante, los méritos de esta idea y el movimiento no son pocos para los croatas, como que educaron a toda una serie de escritores y políticos, cuya presencia en la vida pública del país se sentirá casi hasta el fin del siglo. Este movimiento ilirio impidió la ulterior magiarización de Croacia, la desnacionalización de Dalmacia e Istria, aminoró el provincialismo particularista del pueblo croata y reforzó el sentimiento de su unidad nacional.

Para contrarrestar esta actividad nacional croata, los húngaros organizaron en 1841 un movimiento prohúngaro compuesto por croatas y húngaros con sede en Zagreb, movimiento que más tarde se convertirá en partido político —el partido unionista magiarón— y desempeñará un papel fatal en la vida de Croacia como veremos más adelante. Hungría tratará de dar a sus pretensiones hegemónicas y de desnacionalización de Croacia el carácter legal y democrático mediante este partido manejado y financiado desde Budapest.

Pero el movimiento nacional croata-ilirio fue imparable. Gracias a su espíritu y actividad, el diputado nacional croata Ivan Kukuljević pronunció en 1843 por primera vez un discurso en croata en el Sabor, lo que fue el preámbulo para la eliminación definitiva del latín como idioma oficial en la Croacia feudal. El 23 de septiembre de 1847 el Sabor proclamó el idioma nacional como idioma oficial en la administración pública.

A pesar de esto, los húngaros no desistían de sus propósitos. En la Dieta del 14 de mayo de 1843 concluyeron introducir el idioma húngaro como idioma oficial en Croacia, dándoles a los croatas en su soberbia nacional un plazo de diez años para que lo convirtieran en el idioma de enseñanza en las escuelas. La reacción croata fue muy enérgica tanto que el emperador Ferdinando V (1835-1848) no quiso sancionar esa decisión ni convertirla en Ley.

En 1847 se reunió por última vez el Sabor croata de carácter feudal, inaugurando la incipiente época de la democracia liberal. Con la introducción del idioma croata como idioma oficial, este Sabor recuperó grandemente su prestigio, que había perdido últimamente ante los húngaros por razones de clase. (Croacia poseía en esos años un centenar de familias nobles, mientras que Hungría tenía 360.000). En ese mismo año los húngaros convocaron la Dieta común, que fue abierta por primera vez en la historia por el rey Ferdinando V en idioma húngaro. Alentados por el hecho, los húngaros insistieron una vez más para que los croatas adoptasen su lengua como idioma oficial. Pero los delegados croatas declinaron la exigencia por improcedente. Irritado por esta actitud, Kossuth, líder del movimiento "liberal" húngaro, citó a los delegados croatas para discutir la legalidad de sus mandatos, pues de acuerdo con una denuncia llegada desde los círculos pro-húngaro de Zagreb, dichos delegados habían llegado a la Dieta con un mandato viciado, no democrático. Pero los delegados croatas ignoraron esa invitación de Kossuth porque la Dieta húngara nada tenía que ver en ese asunto. Entonces Kossuth exclamó con ira que no encontraba a Croacia en el Mapa Mundi y nada sabía del nombre y la nacionalidad croatas. El problema entre nosotros los húngaros y los croatas —agregó— se resolverá mediante las armas. En este clima de gran tensión húngaro-croata llegó el año revolucionario de 1848.

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010