LA REBELIÓN DE ZRINSKI — FRANKOPAN

A la luz de estos hechos, y teniendo en cuenta el intento cada vez renovado de germanizar a los croatas, hay que considerar también la rebelión de Zrinski-Frankopan (1664-1671), encabezada primero por Nicolás Zrinski, ban croata (1647-1664), y luego por su hermano Pedro (Petar). El motivo inmediato de la rebelión fue la paz firmada en Vasvar en 1664 entre Leopoldo I (1657-1705) y los turcos. A pesar de las victorias de los hermanos Zrinski en Eslavonia y en Lika y de la victoria de las tropas imperiales bajo el mando del general Montecuculli cerca de San Gotardo, la Curia Imperial concluyó la paz sin tomar en consideración los intereses croata-húngaros. El centralismo vienés no pudo permitir el robustecimiento de la independencia de tierras que consideraba definitivamente suyas, porque los éxitos podrían inducirlas a independizarse. Sólo desde su centro y de acuerdo con sus intereses imperiales podía dosificarse la política exterior y de liberación del yugo turco. Descontentos con ella, Nicolás Zrinsjki, el paladín húngaro F. Wesseleny y el arzobispo de Ostrogon Lippay, planearon otra solución. Los húngaros proponían una alianza con los turcos y los croatas con los franceses, que en aquel momento luchaban contra la supremacía de los Habsburgo en Europa. Desgraciadamente murió de pronto Nicolás Zrinski, dirigente muy capaz y lo sucedió su hermano Pedro, soldado y patriota ejemplar, pero con menos capacidad político-diplomática. Tuvo que interrumpir las tratativas secretas que había iniciado con los franceses, cuando Luis XIV pactó con los Habsburgo en el asunto de la herencia del trono español... Desde entonces, Petar Zrinski se orientó hacia los turcos.

Después de tratativas aparentemente exitosas, los turcos faltaron a sus compromisos, especialmente por no tener confianza en Zrinski, hasta entonces su más acérrimo enemigo. Al verse así abandonado, Zrinski, junto con su cuñado, el joven Fran Cristofer Frankopan, trató de conciliarse con Viena, que estaba al tanto de las tratativas y las consideraba como una traición. Después de haber recibido un salvoconducto, entregado rehenes y otras garantías, los dos viajaron a Viena. Allí fueron arrestados, acusados y condenados a la pena capital, la que se llevó a cabo el 30 de abril de 1671 en Wienerneustadt. Sus familias fueron destruidas y sus bienes fiscalizados por Viena. Así, el centro de aquella comunidad cristiana, en nombre de una dinastía y de la supremacía de Viena, asestó un gravísimo golpe al derecho e intentos de liberarse de la Croacia feudal.

Al expirar la fecha de la paz de Vasvar, el gran visir Kara-Mustafa llegó en 1683 ante los muros de Viena con 250.000 soldados, pero los ejércitos cristianos lo derrotaron gracias a la ayuda polaca y a su rey, Jan Sobieski. Desde esa fecha el Imperio turco empezó a derrumbarse. Mientras se formaba una alianza antiturca, a la que también se unió Venecia, en Croacia sus tropas comandadas por el ban Nicolás Erdedi (1670-1693), reconquistaban Virovitica y obligaban a los turcos a abandonar a Osijek (1684); hasta que en 1686 los expulsaban de las regiones situadas entre los ríos Kupa y Una. Empero, no pudieron reconquistar a Bihać, ex capital de Croacia, porque al penetrar en Bosnia, de donde con anterioridad salieron cerca de 100.000 croatas católicos y donde la nobleza croata estaba prácticamente exterminada, no disponían de una fuerza suficiente. "La Croacia Turca", es decir, las partes occidentales de la Bosnia de hoy, quedaron bajo el poder turco. En 1699 fueron liberadas Lika y Krbava, situadas entre los ríos Kupa y Una, excepto la histórica ciudad de Cetin. También fue liberada casi toda Eslavonia, desde el río Bosut hasta Petrovaradin.

Dichos éxitos reafirmaron grandemente la autoridad de la dinastía en Croacia, decrecida después del exterminio de la familia Zrinski-Frankopan, por lo que los croatas creyeron que había llegado el momento de la liberación de todas sus tierras, incluidas Bosnia y Herzegovina. El sucesor de Leopoldo I, José I (1705-1711), murió pronto, dejando un único varón, Carlos III, que se coronó (1711-1740) como rey húngaro-croata. Ante la posibilidad de la vacancia del trono, los croatas en su Sabor del 11 de marzo de 1712 decidieron confiar la corona en tal caso a una mujer de la dinastía reinante, con la condición de que debía residir en Austria y regir realmente las tierras de su sucesión. Esta ley es conocida en la historia croata como Sanctio Pragmatica. Al comunicar su voluntad al rey Carlos III, los croatas dijeron: "Nosotros teníamos a su tiempo nuestros reyes nacionales y no húngaros. No estamos sometidos a los húngaros por la fuerza o conquista alguna, sino que nos hemos sometido voluntariamente, no al reino húngaro, sino a su rey... Somos libres y no esclavos"[1].

En el Sabor reunido en la ciudad de Glina en 1737 los representantes del pueblo croata declararon: "Su excelencia Ban ha declarado de acuerdo con la tradición de los autores que las fronteras de este reino se extendían hasta el río Vrbas... y prometió comunicarlas a la majestad y solicitar la extensión del reino por lo menos hasta allí..."[2].

Siglos de contrariedades de toda índole no pudieron apagar la conciencia de la comunidad croata ni hacer olvidar la pertenencia de Bosnia-Herzegovina a las tierras de Croacia.

María Teresa (1740-1780) fue la gran esperanza de los croatas. En momentos de su coronación prometió solemnemente respetar los derechos de Croacia, reunir administrativamente las županias Virotivica, Požega y Srijem, reconquistadas, y devolver gran parte de los bienes confiscados de las familias Zrinski-Frankopan. El 1° de abril de 1740 cumplió con dicha promesa, pero su rigurosa reorganización de los Confines Militares (el idioma oficial fue exclusivamente el alemán), con el poder administrativo y judicial en manos militares, causó gran desilusión en Croacia, por lo que los croatas intensificaron su actividad política en el Sabor, hasta llegar a reunirse en poco tiempo 42 veces. Para contrarrestar esta actividad política croata, María Teresa instituyó el 7 de julio de 1767 el Consejo Real (Consilium Regium) para asuntos de Croacia con sede en la ciudad provincial de Varaždin, tratando de transferir a él muchos de los asuntos de competencia del Sabor. Como jefe del Consejo fue nombrado un ban con seis consejeros y un número necesario de altos funcionarios a las órdenes directas de Viena. Debido al descontento croata, la reina tuvo que suprimir el Consejo, pero transfirió sus atribuciones a un organismo similar húngaro. Por otro lado incorporó a Croacia la ciudad de Rijeka, con su puerto, así como también a Bakar y Kraljevica, ex propiedades de la familia Frankopan.

José II (1780-1790), hijo de María Teresa, quiso reformar precipitadamente toda la comunidad, inspirándose para ello en la Revolución Francesa. Pero sus ideas de progreso social se vieron paralizadas por su conservadorismo centralizador y germanizante a través de un gran aparato administrativo-militar que empleaba únicamente el idioma alemán. La resistencia fue doble: nacional y social. La nobleza croata, debilitada y empobrecida en la lucha de siglos contra los turcos, se unía cada vez más con la húngara, mucho más numerosa, para defender sus derechos feudales contra las reformas liberales de José II, así como también contra las reivindicaciones populares. Por esta razón de debilidad y de peligro, sus representantes decidieron en el Sabor del 21 de abril de 1790 formar un gobierno común con los húngaros hasta la liberación de las demás tierras croatas bajo el poder turco y veneciano, época muy próxima —creyeron— en que se podría reconstituir a Croacia en su plena soberanía e independencia. La actitud húngara fue ambigua y de doble faz. Los húngaros aceptaron la alianza croata en la defensa del sistema feudal, pero impulsados por la idea nacional moderna exigieron de los croatas hablar el húngaro en la Dieta. Los croatas se opusieron enérgicamente. El ban croata Tomás Erdedi sintetizó el espíritu de la oposición croata en estos breves términos jurídico-políticos: "Regnum regno non praescribit leges" ("Un reino no impone leyes a otro reino"). No obstante, prescindiendo de las buenas intenciones de la nobleza croata, Croacia en aquel momento crítico perdió de hecho una sensible parte de su soberanía.

A José II lo sucedió Leopoldo II (1790-1792) y luego Francisco I, su hijo (1792-1855), incapaz y reaccionario. Formó parte de la Santa Alianza y se opuso a las reformas sociales y políticas. En la guerra con Francia perdió a Venecia. Al serle devuelta Dalmacia en la paz de Campoformio de 1797, en lugar de unirla a Croacia de acuerdo con tantas obligaciones y promesas anteriores, la proclamó provincia austríaca. Pero en 1806 Dalmacia y toda la Croacia, incluidos los Confines Militares, situada a la derecha del río Sava, cayeron bajo el poder de Napoleón I. Junto con las tierras eslovenas y Trieste, Napoleón formó la Iliria, con sede en Ljubljana, actual capital de Eslovenia. AI caer Napoleón en 1814 toda Dalmacia con Dubrovnik y Boka Kotorska fue sometida a Viena como provincia austríaca, y así quedó hasta 1918.

 

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Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010

 

 



[1] Nativos olim habebamus, no Hungaros, reges; nullaque vis, nulla captivitas nos Hungaris addixit, sed spontanea nostra ultroneaque voluntate no quidam regno, verum Eorundem regi nosmet subiecimus... Liberi sumus, non mancipia". Ver J. Kukuljević, Jura Regni II, 106 y sig.

[2] J. Kukuljević, op. cit., 11, 120.