CROACIA ENTRE 1102 y 1526

Se trata de algo más de 400 años de la historia croata en comunidad política con Hungría. Sus reyes comunes fueron primero de la dinastía húngara Arpad, hasta 1301; luego de la casa Anjou, hasta 1395, y, por último, reyes elegidos de diferentes dinastías hasta 1526. De acuerdo con Pacta Conventa, como hemos visto, estos reyes comunes tenían el título de "Rey de Hungría, Croacia y Dalmacia".

La individualidad política de Croacia se manifiesta en la coronación especial de dichos reyes con la corona croata, que se efectuaba hasta Andrés II (1205-1222). Los reyes que en esa época orientan la política exterior de la comunidad nombran al ban de Croacia, otorgan privilegios y donaciones, firman leyes y decisiones del Sabor, recaudan impuestos y son jefes supremos de ejército. Los asuntos de menor importancia, de carácter administrativo, judicial, financiero o militar, eran de competencia de la nobleza croata y de común consenso con el representante del poder real en el país, es decir, con el dux, herzog, hermano o hijo del rey, o, si no los había, con el consenso del ban croata, al que correspondía esa función.

Los historiadores dividen en dos partes esta época de los Arpad en Croacia. La primera (1102-1180) se caracteriza por las guerras contra Venecia y Bizancio para recuperar los territorios perdidos durante las luchas de sucesión en Croacia al extinguirse la dinastía nacional Trpimirović.

En efecto, en 1107 Koloman liberó a las ciudades e islas de Thema Dalmatiae del poder veneciano, como lo testimonian varios documentos históricos, entre ellos las anotaciones de la abadesa Većenega del monasterio Santa María de Zadar (1105) y el Cartulario de Zadar[1].

Pero Venecia reanudó en 1115 los ataques contra Croacia. En 1125 fue destruida completamente la ciudad de Biograd, una de las residencias transitorias de los ex reyes croatas nacionales. La lucha más cruenta fue llevada a cabo por la posesión de Zadar. Los franceses de la Cuarta Cruzada conquistaron la ciudad y la entregaron en 1202 a Venecia. Los Arpad tuvieron también que llevar la guerra contra los emperadores Juan y Manuel Comneno, quienes habían ocupado a Bosnia y territorios comprendidos entre los ríos Neretva y Krka y las ciudades de Thema Dalmatiae, con excepción de Zadar. Al morir el emperador Manuel (1180), fueron liberadas las partes ocupadas de Croacia, finalizando así para siempre la dominación bizantina.

En el segundo período (1180-1301) la dinastía Arpad, asegurada la paz exterior, se dedicó con mayor atención a la vida interior de la comunidad. Bela III (1180-1196), Andrés II (1205-1253) y Bela IV (1235-1270) con los principales representantes de la nueva política inspirada en la idea de ligar más estrechamente a Croacia con Hungría. El medio más seguro para ello era la feudalización de la nobleza croata. Regalando a las familias posesiones y títulos de nobleza (el sistema llamado donatario), los reyes húngaros ligaban a los nuevos nobles a su trono y a sus personas. Además, la nobleza se alejaba así poco a poco del pueblo, lo que repercutía negativamente en la vida croata.

Por otra parte, el acercamiento entre la nobleza húngara y la croata —la nueva aristocracia— obligó a Andrés II (1222) a otorgar la Bula Aurea, que garantizaba a los nobles incluso el derecho de rebelión contra los reyes que no respetaran sus privilegios. Bela III, a su vez, dividió a Croacia en dos partes político-administrativas: el Reino de Croacia y Dalmacia —Regnum Chroatiae et Dalmatiae— con el Sabor y el ban (banus maritimus) con sede en la localidad de Knin, y el Reino de Eslavonia (Regnum Slavoniae) con el Sabor y el ban en Zagreb, Krževci o Varaždin.

Durante los últimos años de los Arpad, Esteban (1271-1272) y Ladislao IV (1272-1290) debieron enfrentar varias guerras civiles. El sistema donatario aumentó el número y el poder de los nobles, mientras que el de los reyes se debilitó. Así en Croacia se elevaron especialmente dos familias: en la Croacia marítima, la de los duques de Bribir, con su jefe Pavao (Pablo) (1272-1312), y en la Croacia panónica, la de Babonić. Ambas consiguieron asegurar para sí el derecho de sucesión para la dignidad de Ban en sus respectivas áreas de poder. Desde esta posición de fuerza y dignidad, los de Bribir no quisieron reconocer como rey a Andrés III (1290-1301), por lo que llamaron al trono común a Carlos Roberto de Nápoles. El ban Pavao lo llevó a Zagreb y desde allí a Hungría. Después de diez años de luchas, Carlos Roberto fue reconocido también por los húngaros. Este soberano (1301-1342) y Ludovico I (1342-1382) continuaron la tradición de la familia Anjou de reforzar el poder real-dinástico.

Carlos dedicó los primeros diez años a imponerse a la nobleza húngara, y sólo después hizo lo propio en Croacia. Aquí las dos familias mencionadas habían reducido el poder real a la sombra de un poder central. La autoridad del ban Pavao de Bribir era tan grande que incluso empezó por cuenta propia una guerra contra Venecia por la ciudad de Zadar. Durante más de dos años los venecianos asediaron la ciudad. Recién al morir Pavao, su hijo Mladen (1312-1322) tuvo que entregarla a los venecianos.

En la disputa entre las demás familias nobles y Mladen se mezcló Carlos I, y después de la derrota de Mladen en 1322, éste fue despojado de la dignidad de ban y llevado a Hungría. No obstante, Croacia no quedó pacificada. Tomaron entonces la iniciativa los de la familia Nelepić, que gobernaron casi sin interrupciones hasta 1343. Venecia, por su parte, aprovechó estas luchas intestinas para que se le entregasen bajo su protección las ciudades de Šibenik y Trogir (1322), Split (1327) y Nin (1329). Ludovico I a su vez continuó la lucha contra la nobleza croata.

Los de Bribir, bajo el peso del poder central, entregaron las ciudades de Knin y Ostrovica al rey, recibiendo Jorge Bribirski, entre otros bienes, la ciudad de Zrinj en la Croacia panónica, cerca del río Una. Así, esta noble y poderosa familia croata que empezó a llamarse Zrinski desempeñará más tarde un papel de gran importancia en la historia del pueblo croata hasta su exterminio por Viena en 1671. Derrotada la nobleza croata, Ludovico tuvo que llevar las guerras contra Venecia; y vencida ésta, renunciar a todas las islas y ciudades en Croacia. No obstante, el mismo rey volvió a luchar contra los venecianos. En el tratado de paz de 1381 Venecia confirmó otra vez los términos del contrato de 1358, renunciando a todas sus posesiones en Croacia. Ludovico renovó la marina croata y nombró un contraalmirante croata (admiratus regnorum Dalmatiae et Chroatiae). Venecia se comprometió a pagar anualmente al rey húngaro-croata el tributo de 7.000 ducados.

Durante el reinado del último rey de la dinastía Anjou, Croacia fue completamente feudalizada, proclamándose incluso la ley de aviticidad que aseguraba las posesiones nobles a una familia hasta la muerte de su último varón. Este sistema, con sus consecuencias positivas y negativas, rigió hasta 1848.

A Ludovico lo sucedió su hija María, menor de edad (1382-1395), pero el poder real lo tenía su madre, Isabel Kotromanić, princesa croata de Bosnia. Contra ambas mujeres se levantaron muchos opositores. Los de Hungría, junto con los croatas de Eslavonia, decidieron llamar a Carlos de Drač, uno de los primos de Ludovico I, mientras que los croatas de la Croacia marítima decidieron separarse de Hungría y unirse con Bosnia, donde reinaba Stjepan Tvrtko (1354-1391) y constituir un reino croata independiente.

Este intento fracasó, a diferencia de la primera combinación que tuvo éxito. Carlos de Drač fue coronado en Biograd en 1385. María renunció a los honores reales y se casó con el príncipe polaco Sigismundo de Luxemburgo. Al año siguiente Carlos II fue muerto y María regresó para tomar el poder. En ese momento las dos facciones en Croacia se unieron y se sublevaron ayudados por el rey de Bosnia, Stjepan Tvrtko. Este ocupó casi toda Croacia y en 1390 se proclamó "rey de Croacia y Dalmacia".

Al caer María prisionera de los rebeldes croatas y ser recluida en Novigrad, cerca de Zadar, los húngaros eligieron como rey a Sigismundo, su esposo (1387-1437). Este liberó a su mujer, que murió en 1395. Sigismundo continuó la guerra contra los croatas rebeldes, quienes eligieron como rey a Ladislao (1386-1409), hijo de Carlos II, y lo coronaron el 5 de agosto de 1409 como "Rey de Hungría y Croacia". A los rebeldes croatas los seguían ayudando los reyes de Bosnia, pero después de veinte años de lucha, Ladislao se convenció de que no podría mantener el trono húngaro-croata y decidió renunciar y vender a Venecia por cien mil ducados todos sus derechos sobre Dalmacia, en su carácter de "Rey de Hungría, Dalmacia y Croacia". Así en el siglo XV Croacia perdió casi todo su litoral, quedándole solamente la isla de Krk y la costa desde Trsat hasta el río Zrmanja, con la ciudad de Senj; pérdida que fue un grave golpe en la vida política y cultural de Croacia. Desde entonces el centro de su vida política y cultural se desplazó cada vez más hacia el norte.

La principal preocupación de los sucesores de Sigismundo fue la lucha contra los turcos, que empezaron a inquietar las fronteras húngaro-croatas. Fueron ellos: Alberto Habsburgo (1348-1349), Ladislao I (1440-1444), Ladislao V (1445-1457), Matías Korvin (1458-1490), Ladislao II (1490-1516) y Ludovico II (1516-1526). Todos estos reyes fueron elegidos por las dietas húngara y croata respectivamente, convirtiéndose la comunidad en un reino electivo. Reafirmado el poder de la nobleza durante el débil reinado de Sigismundo, la lucha contra los turcos no fue lo suficientemente decidida justamente por el enfrentamiento de la nobleza con sus reyes. Así la nobleza croata recibió un duro golpe en 1493 cuando penetró en Croacia el bajá de Bosnia, Jakub, ayudado por las tropas del bajá de Rumelia, y derrotó a los croatas en el campo de Krbava —hoy Udbine—. Allí fue exterminada la flor de la nobleza croata, unos 9.000 combatientes[2]. Los húngaros tampoco tenían suficiente fuerza para oponerse al sultán Suleimán y sus avasalladoras huestes. En la batalla de Mohač, sobre el río Danubio, el 20 de agosto de 1526, el ejército húngaro fue derrotado, mientras que el joven rey Ludovico II se ahogó cuando trataba de huir. Los dos pueblos —el húngaro y el croata— tendrán que buscar una nueva dinastía y nuevos reyes comunes.

En general, hay que destacar dos documentos de importancia para la historia nacional croata, características de la época que acabamos de reseñar. Uno es netamente político y el otro cultural. En cuanto al primero, cabe decir que los croatas no quisieron reconocer como rey a Ludovico Jagelo (1516-1526) por haber lesionado los derechos de Croacia como nación soberana. En efecto, en su Diploma Inaugural —una especie de promesa solemne de que el rey respetaría todos los privilegios y derechos de la nobleza, que representaba políticamente a su pueblo— Ludovico decía: "Regnum Ungariae cum ceteris regnis et partibus subiectis". ("El reino de Hungría con otros reinos y partes sometidos"). Esta fórmula trató a Croacia como si estuviera sometida a Hungría, por lo que la conciencia nacional de independencia de la nobleza croata reaccionó vigorosamente, negándose a reconocer a la misma y al nuevo rey. Sólo cuando la fórmula fue modificada en los términos siguientes: "... regnum Ungariae cum ceteris regnis scilicet Dalmatiae, Croatiae et Slavoniae, et partibus Transsilvaniae ac provinciis sibi subiectis", ("El reino de Hungría con los demás reinos, es decir, Dalmacia, Croacia y Eslavonia, y con partes de Transilvania y las partes sometidas a él"), los croatas reconocieron al rey, en cierto sentido constitucional, como al rey legítimo. En cuanto al momento cultural, hay que decir lo siguiente: Croacia en aquel período avanzó culturalmente de manera especial durante el reino de M. Korvin (1458-1490) cuando sintió un benéfico impacto de la influencia del humanismo y el renacimiento occidentales. Así, ya en 1483 se fundó la primera imprenta en Croacia, en la localidad de Kosinj, provincia de Lika, donde fue impreso un misal en croata con letras glagolíticas reproducido en una edición especial en Croacia en 1972.

 

- - - -

Croacia y su Destino, Studia Croatica – Instituto de Cultura Croata, Buenos Aires, © 1977, 2010

 

 



[1] T. Smičiklas, Codex Diplomaticus, II. 15 y V. Novak, Zadarski Kartular (El Cartulario de Zadar), 258.

[2] Fray Ivan Tomašić, un cronista croata contemporáneo de los acontecimientos escribe: "haec est prima destructio Croatiae, ibique total nobilitas conuit Croatiae anno salutis 1493": ("Esta es la primera destrucción de Croacia, donde toda la nobleza del país cayó en el año de salvación 1493"). I. Tomašić, Cronicon Breve Regni Croatiae anno salutis 1493, Edic. de I. Kukuljević, Archiv, IX, 23 et ss.