Nota publicada en la revista CULTURA dirigida por Patricio Lóizaga de Buenos Aires, Argentina.
Se discutió mucho en los años 60 y
70 sobre la función de esa
categoría de seres humanos, tan
amplia como imprecisa, que
identificamos como intelectuales.
¨Deben pensar por los otros,
exponer razones, sobre todo alertar
o también deben actuar? Si será
solamente el desierto el que se
haga eco de sus palabras, ése es
otro tema.
En este siglo hubo instancias
políticas, situaciones y guerras con
los que los intelectuales se
comprometieron más que con
otros. La Guerra Civil española fue
un momento de esos en que,
desde Hemingway hasta Malraux,
muchísimos hombres de la cultura
tomaron parte.
Hoy, por el contrario las guerras de
Chechenia y la ex Yugoslavia -
como sucedió con las pasadas de
Biafra, Afganistán o Nigeria- han
movido bastante poco y
tardíamente al mundo del
pensamiento.
Es de lamentar porque si de la
creatividad de los intelectuales
saliera la fuerza suficiente como
para parar una guerra, éste bien
podría ser su destino más brillante.
QUE HICIERON LOS INTELECTUALES CON LA GUERRA DE LA EX YUGOSLAVIA
Arianne Mnouchkine, directora del
Theatre du Soleil y de la películas
"1789" y "Moliere", inició una
huelga de hambre en agosto de
1995 para protestar por la situación
que se vive en Bosnia y la
indiferencia del mundo occidental;
lo hizo durante un mes en el hall
del teatro.
De 56 años, Mnouchkine es
respetadísima. Días antes, en el
festival de Avignon, dio a conocer
una declaración en la que
denunciaba la impotencia política,
militar y moral de las Naciones
Unidas para solucionar el conflicto
mientras exigía acciones concretas
para detener el genocidio, así
como la intervención de la Corte
Internacional de La Haya para
juzgar a los responsables de la
situación. Importantes
personalidades del arte y la cultura
avalaron esta declaración entre
otros Michel Piccoli, Catherine
Deneuve, Marcello Mastroiani,
Jane Birkin, Maurice Bejart y el
fotógrafo Henri Cartier-Bresson. La
huelga concitó una enorme
atención en el medio intelectual
francés y las reacciones fueron
diversas; de todas maneras, logró
instalar un tipo de discusión -
política y ética, se podría decir- que
desde hacía muchos años no tenía
lugar entre las vanguardias, hasta
el momento preocupadas en
asuntos un tanto más frívolos.
Recordaremos que esta Guerra se
inició en septiembre de 1991.
LA ANA FRANK DE SARAJEVO
Es terrible que la guerra pueda ser
un motivo literario; que de la
muerte, la mutilación o la figura de
un niño que espera la Navidad en
un hospital de Sarajevo convencido
de que Santa Klaus le restituirá la
pierna que perdió, pueda hacerse arte.
Sin embargo, desde esa ciudad
martirizada durante los últimos tres
años por los francotiradores
serbios, una niña de once años
escribió un diario con tanta fuerza y
lirismo que se inscribió en la
literatura. Obviamente, no es una
intelectual, ni una mujer de letras.
Zlata Filipovic es solamente alguien
a quien le han arrebatado su
infancia, y durante dos años detalló
en el "Diario de Zlata" el sitio de
Sarajevo, que hizo que la muerte
sea cotidiana y la vida, inexplicable.
"¨Va a terminar la guerra el primer
día de otoño? Prosigue la vida en
círculo cerrado. Te preguntas a qué
se parece ese tipo de vida. Es una
vida que transcurre a la espera y
en el miedo, una vida que pasa
esperando que el círculo se abra
definitivamente, que el sol de la
paz brille de nuevo. Todo lo que sé
es que esto ha costado en
Sarajevo ya quince mil víctimas,
entre ellas tres mil niños (cifras de
1993). Ya no hay pájaros, también
sé que ya no hay sitio en los
cementerios ni en los parques para
enterrar más víctimas. Quizá sea
ésa la razón para que esta locura termine".
"...Hoy una bomba cayó en el parque frente a casa, en el parque donde yo me siento y juego con mis amigas; mucha gente fue herida y Nina está muerta; una esquirla entró en su cerebro y ella murió. Era tan dulce, tan chiquita y tan linda; nosotras fuimos juntas al kindergarten y juntas jugábamos en la pieza. ¨Es posible que no vuelva a ver nunca más a Nina? Nina, una inocente víctima de esta estúpida guerra. Estoy triste, grito y me pregunto ¨por qué? Ella no hizo nada".
"Esta es mi vida, la vida de una escolar inocente de 11 años, una escolar sin escuela, una chica sin juegos, sin amigos, sin sol, sin pájaros, sin naturaleza, sin chocolates, sólo con un poco de leche en polvo; en resumen, una niña sin niñez". Hay miedo mortal y profundo dolor en el testimonio de Zlata quien además tiene la lucidez suficiente para constatar una verdad atroz: los niños y las mujeres son las eternas primeras víctimas de la guerra, una guerra que siempre les es ajena.
FALLO DE LA FORTUNA
Hoy Zlata Filipovic en lugar de bombas, contempla cómo los editores y directores del mundo se disputan los derechos de su obra. La fortuna falló en su favor cuando el "Diario..." llamó la atención de un editor francés que sacó del infierno a Zlata junto con sus padres; una suerte que no tuvieron ni la pequeña Ana Frank ni tantos otros. El libro resultó un éxito editorial con derechos de traducción para 25 países, y se calcula que venderá más que Papillon, el récord de todos los tiempos de Finot/Laffont, mientras los estudios cinematográficos de los Estados Unidos negocian sus derechos. Ahora Zlata viaja como símbolo de la guerra por Alemania, Italia, Holanda, Gran Bretaña, Canadá y los Estados Unidos concediendo entrevistas. Las luces de las cámaras no lograron, sin embargo, que olvide los fuegos de Sarajevo...
SUSAN SONTAG
Desde casi el comienzo del sitio la ensayista y novelista norteamericana Susan Sontag se movilizó por Sarajevo. Con los inválidos que la guerra rápidamente produjo, puso en escena "Esperando a Godot", de Samuel Becket; una elección nada casual que busca concientizar en la desesperación. Durante meses fue y vino de New York a Sarajevo, aun en los momentos en que las Naciones Unidas cortaron la ayuda humanitaria. Dijo Sontag: "Permitir la destrucción de Bosnia ha sido una catástrofe para Europa y las generaciones venideras lo verán como un gran error. Lo cierto es que los gobiernos occidentales decidieron dejar que ocurra".
LOS MEDIOS DE COMUNICACION HICIERON LA GUERRA
En Belgrado, capital de Serbia, y gracias a los serbios opositores al régimen del presidente Slobodan Milosevic, el escritor Mario Vargas Llosa presentó el libro del inglés Mark Thompson, casado con una croata. En Forging War (The media in Serbia, Croatia and Bosnia- Hercegovina) Thompson denuncia que Milosevic -sindicado hoy como uno de los mayores responsables de la guerra- hizo creer que la nación serbia estaba amenazada por un genocidio a manos de una colación inexplicable que integrarían croatas, fundamentalistas islámicos y católicos secesionistas de las minorías albanesa y húngara. Vargas llamó a la maniobra de Milosevic "una fantasía delirante que una campaña de medios de comunicación documentó día tras día con planificados infundios". Vargas Llosa escribió luego en el diario "La Nación" (Argentina) que la investigación de Mark Thompson prueba cómo la tragedia de Bosnia no fue inevitable y que ella no resulta de viejas contiendas - históricas, étnicas y religiosas- sino que fue artificialmente provocada gracias a la técnica de manipulación de masas en una sociedad donde no existía un sistema informativo libre y plural. Agregó que "como en las ruinas circulares de Borges, una ficción fue concebida en abstracto e interpolada en la realidad gracias a la propaganda y a la vertiginosa eficacia de los medios audiovisuales controlados por el poder, hasta que ella se materializó en una sangrienta maquinaria de destrucción y muerte que amenaza con tragarse a algunos aprendices de brujos, no al brujo mayor" (se refiere a Milosevic). De una manera más pedestre, hace tiempo que se dice que a esta altura los serbios en lugar de cabeza tienen un televisor.
CUADERNOS DE SARAJEVO
El periodista español Juan Goytisolo estuvo una semana en la ciudad sitiada y al volver publicó una crónica de esos días, los "Cuadernos de Sarajevo". De su estada allí concluyó que hay nacionalismos y nacionalismos. Dijo entonces: "no es lo mismo el nacionalismo de un pueblo expoliado y perseguido por culpa de crímenes ajenos (como es el caso del palestino) que el de un pueblo nación expansivo y depredador unido por una mística esencialista y xenófoba, como la de los paladines de la Gran Serbia* ( La gran Serbia es el proyecto expansionista que fue concebido en la primera mitad del siglo XIX en la decadencia del imperio turco. El que le dio forma en un manifiesto fue Ilija Garasanin - primer ministro del principado autónomo de Serbia- y allí expone una mística de destino grandioso. Mística que es responsable no sólo de las guerras balcánicas de 1912 y 1914 sino también del atentado al archiduque Francisco Fernando en 1914 -que detonó la primera Guerra Mundial- y finalmente de la guerra que hoy desangra a la zona.)
En Sarajevo tuvo ocasión de ver a Susan Sontag, por entonces y por mucho tiempo más responsable del montaje de "Esperando a Godot". La Sarajevo que vio Goytisolo es un fantasma de lo que fue, los brillos de la ciudad sólo están en el recuerdo y en los folletos turísticos que aún quedan. Sarajevo es una ciudad que rebautizó sus calles; una de ellas se llama ahora "Avenida de los francotiradores". Hoy es una geografía de la desolación, es un espacio devastado lleno de heridas, mutilaciones, vísceras, llagas aún supurantes, árboles talados y gente agazapada en los escondrijos. Los rascacielos se levantan como colmenares de celdillas ciegas, otros están reducidos a su armazón metálica; los coches y autobuses calcinados perpetúan el horror. El horror que se acentúa porque los sarajevitas tienen ya plena conciencia de que han sido tracionados y abandonados por el mundo occidental; han comprendido que su suerte esta echada y que nadie los va ayudar. En medio de esto, Goytisolo hace preguntas escalofriantes. ¨Cómo explicar el número tan elevado de víctimas entre la población infantil? ¨Será cierto como le dijeron que los chetniks (guerrilleros serbios) reciben una prima doble por cabeza de mujer y quíntuple por dar en el blanco diminuto de un niño?
PERIODISTAS MOLESTOS
"Territorio comanche"; así es el título del libro en el que Arturo Sánchez Reverte narra sus experiencias como corresponsal de guerra para un canal televisivo español. Reverte lleva veinte años como corresponsal de guerra y es además novelista. Entre los corresponsales de guerra se llama "territorio comanche" a aquél "en donde el instinto les dice que paren el coche y den media vuelta, donde siempre parace a punto de anochecer y se camina pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, donde no se ven los fusiles, pero los fusiles si lo ven a uno".
El libro es otro acercamiento a la barbarie en el que Reverte muestra el oficio del reportero, según él un trabajo en el que es mejor ser joven, creer en buenos y malos, sentirse protagonista implicado y no simple testigo, y en el que a partir de los cuarenta años se es "condenadamente viejo". Sabe él de momentos desiguales; al principio el periodista es bienvenido y palmeado porque es el artífice de la salida por TV del soldado, para alegría de la novia. Pero después, "a medida que las guerras se hacen largas y a las gentes se les pudre el alma, el periodista se convierte en testigo molesto". Sánchez Reverte no explica esta guerra, ni sus causas, ni las naciones en pugna, ni las políticas, ni el porqué de la limpieza étnica sino que describe los resultados: puentes volados, rostros destrozados, fosas comunes, cuerpos degollados y carbonizados, fantasmales aldeas devastadas, un croata "quieto y solo como la una"; porque los muertos, para Reverte, además de quietos están solos, absolutamente solos.
¨Y LAS NACIONES UNIDAS'
Los filósofos del derecho nos
vienen a decir que el derecho no
alcanza para algunos cosas; las
más grandes y las más chicas. En
los crímenes más horribles nunca
hay reparación posible o suficiente,
tampoco la hay en las pequeñas
injurias que dejan la convivencia y
la vecindad, por ejemplo. Para
asuntos de este tenor no sirve
tampoco un organismo
internacional tan burocrático como
es la ONU; su misión eficiente
parece agotarse en programas
dentro de la paz, en las iniciativas
culturales o en algunos
mecanismos preventivos de la paz
o en programas de ayuda a la
niñez como Unicef. Lo que sucede
en esta región lo demuestra una
vez más. Quizá eso pueda explicar
que su desempeño allí no ha
pasado de bravatas y
declamaciones y que aun la ayuda
humanitaria que implementó estuvo
contaminada de todo tipo de actos inmorales.
Fue así que Tadeuzs Mazowiecki,
ex primer ministro polaco, relator
especial en la ONU para el tema de
los derechos humanos, después de
alertar durante tres años por medio
de informes espeluznantes sobre lo
que sucedía en la zona, se declaró
"espantado" y renunció a mediados
de 1995 por "no poder tolerar la
hipocresía con que se maneja el organismo".
A CUATRO AÑOS
A cuatro años de comenzada, esta
guerra ha sido más mencionada
que comprendida, mas consumida
a través de los medios y más
juzgada que pensada como
tragedia. Ha sido más tema de
opinión de neoespecialistas que
motivo de reflexión sobre la
condición humana. Esta tan oscura
que, desde que el hombre está en
la Tierra, no pudo eludir sus
agresiones, sus horrores y su indiferencia.
Una guerra que al explotar -
mientras pregunta dónde quedaron
política y diplomacias y dónde el
derecho- muestra que tal como se
los concibe hasta ahora, políticas,
diplomacia y derecho resultan
pobres instrumentos para la convivencia.
Es en definitiva una guerra -no la
única- que cierra ominosamente un
siglo, el XX. El que fue descrito
como "en el que más gente se ha
maltratado en la historia de la
humanidad" (Jean Francois Revel).
Como un sino trágico, el pistoletazo
de Sarajevo abrió este siglo de
guerras y hoy el clamor de la
pequeña ciudad martirizada sigue
resonando por todo el planeta.
Carmen Vrljicak-Espain.
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