"Soy Lucy, una de las jóvenes religiosas que ha sido violada por los soldados serbios. Le escribo, Madre, después de lo que nos ha sucedido a mis hermanas Tatiana, Sandra y a mi. Permítame no entrar en detalles del hecho. Hay en la vida experiencias tan atroces que no pueden contarse a nadie más que a Dios, a cuyo servicio hace apenas un año me consagré. "Mi drama no es tanto la humillación que padecí como mujer, ni la ofensa incurable hecha a mi vocación de consagrada, sino la dificultad de incorporar a mi Fe un evento que ciertamente forma parte de la misteriora voluntad de Aquel a quien siempre consideraré mi Esposo Divino. (...) "¨Qué es Madre mi sufrimiento y la ofensa recibida comparados con el sufrimiento y la ofensa de Aquel por quien había jurado mil veces dar la vida? Dije despacio, muy despacio: 'Que se cumpla tu voluntad, sobre todo ahora queno tengo dónde aferrarme y que mi única certeza es saber que Tú, Señor, estás conmigo'. "Madre, le escribo no para buscar consuelo, sino para que me ayude a dar gracias a Dios por haberme asociado a millares de compatriotas ofendidas en su honor y obligadas a una maternidad indeseada. Mi humillación se añade a la de ellas, y porque no tengo otra cosa que ofrecer en expiación por los pecados cometidos por los anónimos violadores y para reconciliación de las dos etnias enemigas, acepto la deshonra sufrida y la entrego a la misericordia de Dios. "No se sorprenda, Madre, si le pido que comparta conmigo un 'gracias' que podría parecer absurdo. En estos meses he llorado un mar de lágrimas por mis dos hermanos asesinados por los mismos agresores que van aterrorizando nuestras ciudades, y pensaba que no podría sufrir más de eso, tan lejos estaba de imaginar lo que me habría de suceder! (...) "Alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este, mi hijo, nacido de la violencia, testimoniará junto a mi que la única grandeza que honra al ser humano es la del perdón. "Pensé largamente sobre ello y me convencí de que había una parte secreta del dolor de mi gente que se me escapaba. Ahora soy una de ellas, una de tantas mujeres anónimas de mi pueblo, con el cuerpo desvastado y el alma saqueada. El Señor me admitió a su misterio de vergenza. Es más, a mí. religiosa, me concedió el privilegio de conocer hasta el fondo la fuerza diabólica del mal. "Sé que de hoy en adelante, las palabras de ánimo y de consuelo que podré arrancar de mi pobre corazón ciertamente serán creíbles, porque mi historia es su historia, y mi resignación, sostenida por la Fe, podrá servir, si no de ejemplo, por lo menos de referencia de sus reacciones morales y afectivas. "Basta un signo, una señal fraterna, para poner en movimiento la esperanza de tantas criaturas desconocidas. Dios me ha elegido -que El me perdone esta presunción- para guía de las más humilladas de mi pueblo hacia un alba de redención y de libertad. Ya no podrán dudar de la sinceridad de mis palabras, porque vengo, como ellas, de las fronteras del envilecimiento y la profanación. "Recuerdo que cuando frecuentaba en Roma la Universidad 'Auxilium' para la Licenciatura en Letras, una anciana profesora de literatura, recitaba estos versos: "Tú no debes morir/ porque has elegido estar/ de la parte del día". La noche, en que por horas y horas fui destrozada por los serbios, me repetía estos versos, y los sentía como un bálsamo para el alma, enloquecida ya casi por la desesperación. "Ahora ya todo pasó y al volver hacia atrás tengo la impresión de haber sufrido una terrible pesadilla. Todo pasó, Madre, pero todo empieza. En su llamado telefónico, después de sus palabras de aliento, que le agradeceré toda la vida, usted me hizo una pregunta concreta: '¨Qué harás de la vida que te han impuesto en tu seno?' Sentí que su voz temblaba al hacerme esa pregunta... Yo ya decidí. Seré madre. El niño será mio y de nadie más. Sé que podría confiarlo a otras personas, pero él -aunque yo no lo quería ni lo esperaba- tiene el derecho a mi amor de madre. No se puede arrancar una planta con sus raíces. El grano de trigo caído en el surco tiene necesidad de crecer allí donde el misterioso, aunque inicuo, sembrador lo echó para crecer. "Realizaré mi vocación religiosa de otra manera. Nada pediré a mi congregación que me ha dado ya todo. Estoy muy agradecida por la fraterna solidaridad de las hermanas, que en este tiempo me han llenado de delicadezas y atenciones. "Me iré con mi hijo. No sé adónde, pero Dios, que rompió de improviso mi mayor alegría, me indicará el camino a recorrer para hacer su voluntad.
Agradecemos la colaboración de la Sra Nelly Mihanovich de O'Farrell quien hizo llegar a nuestra redacción esta carta, cuyos fragmentos publicamos.
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